No es solo un sueño, es construcción de confianza.

Young girl sleeping peacefully with stuffed animal in a cozy white bed.
Cuando era chica solía recordar mis sueños con bastante claridad.
Sin embargo, nadie me habló nunca de la importancia que podían tener en mi vida ni en la construcción de mi realidad.

Durante mucho tiempo pensé que los sueños eran simplemente imágenes sin sentido que aparecían mientras dormía y que desaparecían al despertar.

Hasta que un día alguien me dijo algo que me marcó profundamente:

“Escribí tus sueños apenas te levantes, porque en ellos vas a encontrar respuestas a muchas de tus preguntas.”

Esa idea me llamó la atención.
¿Respuestas en los sueños?
No es una tarea sencilla escribir un sueño porque segundos después de despertar desaparece y se te olvida.

Con el tiempo aprendí a prestarle más atención y a retenerlo en mi mente.

Aunque Freud utilizaba la asociación libre para desglosar los sueños en partes y comprender su significado, sosteniendo que todo sueño puede ser interpretado y que además tiene un sentido,  poco se habla hoy de la importancia que los sueños pueden tener en nuestra vida cotidiana.

Desde que aprendí a tomar nota de lo que sueño, incluso cuando me parecen sueños sin sentido, empecé a encontrar conexiones, asociaciones y respuestas que antes no veía.

Muchas veces descubro que ciertas decisiones o situaciones que estoy viviendo han sido anticipadas de alguna manera en mis sueños. Esto me da algo muy valioso: seguridad y certeza que la decisión que he tomado es la correcta.

No porque el sueño prediga mi futuro, sino porque me ayuda a ordenar lo que siento, pienso y quiero, incluso cuando el futuro aun siga siendo incierto.

Por eso considero que enseñar a los niños a recordar y a contar sus sueños es un hábito muy saludable.

Cuando un niño aprende a prestar atención a sus sueños:

  • desarrolla su capacidad de observación interior,
  • fortalece su imaginación,
  • aprende a expresar lo que siente,
  • y empieza a sentirse más seguro y confiado.

Si además se lo invita a escribirlos o dibujarlos, el beneficio es todavía mayor, el niño aprende a conectar con su esencia y divinidad.

No se trata de interpretar los sueños de manera rígida ni de buscar significados forzados.
Se trata de enseñarles que lo que sueñan también forma parte de su experiencia y merece ser escuchado.

Incorporar el hábito de contar o escribir los sueños puede convertirse en un pequeño ritual familiar: unos minutos por la mañana para recordar, conversar y registrar lo soñado.

Es un gesto sencillo, pero puede convertirse en una herramienta poderosa de autoconocimiento.

Porque cuando un niño aprende a escucharse desde pequeño,
crece con una mayor seguridad interior.

Y esa seguridad lo acompaña toda la vida.

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Un abrazo

Silvia