¿Alguna vez has sentido esa angustia en el pecho cuando ves a tu hijo frustrarse… y no sabes si intervenir o dejarlo intentar?
Ese segundo incómodo en el que algo dentro de ti grita: “¡Ayúdalo!”
Pero otra voz, más silenciosa, susurra: “Déjalo aprender…”
Hoy quiero hablarte de ese momento.
Recuerdo una noche viendo a mi hijo intentar hacer un dibujo más de una vez,
Se equivocaba, arrugaba la hoja de papel y la tiraba a la basura, una y otra vez,
Yo sabía que sus diseños eran únicos pero cuando le decia con amor:
¡no lo tires! está precioso.
Él super enojado me gritaba ¡vos porque sos mi madre»
Hasta que entendí algo incómodo:
mis palabras de motivación no lo ayudaban, por el contrario, lo irritaban aún más.
No quería verlo abandonar el dibujo,
Y tampoco quería que dependiera de mi opinión para sentirse valioso.
Aprendí entonces a,
No dar discursos
No opinar,
Solo a recordarle que,
si me necesitaba yo estaba para abrazarlo y escucharlo.
Como madres y padres, intervenir es instintivo.
Amamos. Protegemos. Anticipamos peligros.
Pero hay una verdad incómoda:
no sentimos amor por nuestros hijos, sentimos miedo.
Y si no aprendemos a acompañar sin miedo
sin darnos cuenta, podemos debilitar justo aquello que queremos fortalecer:
su confianza.
Cuando intervenimos demasiado rápido:
• Les evitamos el error.
• Les evitamos la frustración.
• Les evitamos el malestar.
Pero también les evitamos:
• El descubrimiento.
• La resiliencia.
• La autonomía.
El mensaje invisible que reciben no es “te amo”.
Es: “no confío en que puedas lograrlo”.
Y eso, repetido cientos de veces en pequeñas situaciones cotidianas —tareas, conflictos, decisiones simples— va moldeando su percepción interna.
Empiezan a esperar rescate.
Empiezan a dudar de sí mismos.
Empiezan a temer equivocarse.
Y lo más doloroso es que lo hacemos con la mejor intención.
¿Te ha pasado que tu hijo se rinde demasiado rápido y abandone?
¿Qué dice “no puedo” antes de intentarlo de verdad?
Eso no es falta de capacidad.
Muchas veces es falta de experiencia.
Por eso he decidido acompañar a familias que como yo en aquel momento, tienen hijos en edad escolar y se encuentran sin herramientas para acompañarlos a CULTIVAR CONFIANZA y desplegar todo su potencial creativo sin miedo a equivocarse.
Un taller diseñado para madres/padres que quieren dejar de reaccionar desde el miedo…
y empezar a acompañar desde la conciencia y el AMOR.
No es teoría.
Es práctica.
• Como reconocer lo que realmente le falta a tu hijo que no es concentración.
• Cómo sostener la frustración de tu hijo con confianza y en calma.
• Cómo intervenir estratégicamente sin anular su proceso de aprendizaje.
• Cómo regular tu propia ansiedad para no actuar desde el impulso, la culpa o el miedo.
Estar presentes, sin invadir.
Guiar, sin controlar.
Sostener, sin rescatar.
Un abrazo
Silvia.



