La forma en que un niño se percibe a sí mismo define casi todo lo que vive.
Si se ve capaz, intenta.
Si se ve torpe, evita.
Si se ve valioso, se expresa.
Si se ve como un problema, se esconde.
La autopercepción es el espejo interno desde el cual se construyen decisiones, emociones y acciones. Y ese espejo empieza a formarse desde muy temprano.
Un niño no actúa solo por conducta. Actúa desde identidad.
Si se percibe como “el que siempre se equivoca”, actuará con miedo.
Si se percibe como “el que molesta”, se retraerá.
Todos estamos creando constantemente: cuando pensamos, cuando interpretamos lo que nos pasa, cuando decidimos quiénes somos.
El problema es que, si no creamos de manera consciente, terminamos creando desde las frases que otros dijeron sobre nosotros.
“Vos sos distraído.”
“Vos no servís para esto.”
“Vos no sos como tu hermano.”
Repetidas, esas frases dejan de ser comentarios y se vuelven identidad.
Por eso es clave ayudar a los niños a reconocer su valor propio. Cuando un niño se percibe como alguien valioso y capaz, se anima más, confía más y depende menos de la mirada externa.
Pero esto empieza en los adultos.
Los niños se ven a sí mismos como sienten que los vemos nosotros.
La autopercepción no es un detalle.
Es el lugar desde donde cada niño va a construir su realidad.
Si necesitas ayuda puedes participar de mi taller «CULTIVAR CONFIANZA» diseñado para mamás/papás que desean ayudar a sus hijos a forjar una personalidad autónoma y libre emocionalmente.
Haz click aqui para acceder al taller «CULTIVA CONFIANZA»
Un abrazo
Silvia



