Cada vez más mamás me dicen lo mismo:
“Mi hijo no se concentra.”
“Se distrae con todo.”
“No termina las tareas.”
“La maestra dice que no presta atención.”
Y es lógico que la preocupación aparezca.
Porque cuando un niño no se concentra, lo primero que pensamos es que hay algo mal en él.
Entonces empezamos a buscar soluciones:
más límites,
más exigencia,
más refuerzos,
más actividades,
más terapia,
más control.
Pero casi nunca nos hacemos esta pregunta:
¿Y si el problema no fuera la concentración?
Un niño no pierde la atención porque sí.
Un niño se desconecta cuando lo que tiene delante no tiene sentido para él,
cuando no se siente capaz,
cuando siente presión,
o cuando su mundo interno está más cargado que lo que ocurre en el cuaderno.
La falta de concentración muchas veces es un síntoma.
Una señal.
Una forma silenciosa de decir:
“Así no puedo.”
“Así no quiero.”
“Así no me siento capaz.”
Y cuando lo miramos solo como un problema de atención,
nos enfocamos en corregir la conducta…
pero no en entender qué le está pasando por dentro.
Un niño concentrado no es el que se queda quieto.
Es el que se siente seguro.
Es el que confía en lo que hace.
Es el que siente que puede intentar, equivocarse y volver a probar sin miedo.
La concentración es una consecuencia.
No un punto de partida.
Cuando un niño se siente capaz,
cuando siente que lo miran con confianza,
cuando percibe que no tiene que ser perfecto para ser querido,
su atención aparece sola.
Porque ya no está ocupada en defenderse,
ni en evitar el error,
ni en sostener una sensación de fracaso constante.
A veces no falta concentración.
A veces falta confianza.
A veces falta escucha.
A veces falta un adulto que deje de preguntarse
“¿qué le pasa a este niño?”
y empiece a preguntarse
“¿cómo lo estoy acompañando yo?”
No se trata de presionar más.
Ni de dejarlo hacer cualquier cosa.
Se trata de ayudarlo a descubrir que es capaz.
Que puede.
Que tiene recursos dentro de sí.
Porque cuando un niño empieza a confiar en sí mismo,
la concentración deja de ser un problema.
Y se vuelve algo natural.
Silvia Aguirre



