Seguramente quieres que tu hijo sea autónomo,
independiente,
y se sienta seguro de sí mismo.
Pero si en la práctica no es lo que estás viendo,
tal vez puedas probar algo diferente.
Como mamás y papás queremos lo mejor para nuestros hijos.
Y en ese deseo de ayudarlos a ser “productivos”,
nos encontramos con escenas cotidianas:
no se atan los cordones,
hay que esperarlos para que se vistan,
se levantan de mal humor
te hacen llegar tarde al trabajo.
¿Te pasa que de pronto dices una frase que quizás luego te arrepientes?
Las palabras no se las lleva el viento,
quedan guardadas en el inconsciente de tu hijo.
Cuando le decís a tu hijo:
“qué vago sos”,
sin querer, estás sembrando una idea
en la que él empieza a construir su realidad.
Y estoy segura de que esa
no es la realidad que soñás para él.
Entonces, ¿cuál es la clave?
Cambiar las palabras que destruyen su realidad
por palabras que construyen.
Silvia.



