Tal vez el problema no sea tu hijo… sino el molde donde intentamos ponerlo.

El otro día compré un maple de huevos…
y algo hizo clic en mi cabeza.

Imaginé una fábrica
donde todos los huevos tienen que ser del mismo tamaño
para poder venderse como “iguales”.

Los que son más grandes…
los que son más chicos…
se sacan del maple.

Quedan solo los que encajan.

Y pensé:
¿no estamos haciendo algo muy parecido con nuestros hijos?

Escuché que más del 80% de los jóvenes
no sabe a qué dedicarse.
Y no me sorprendió.

Porque no les enseñamos a imaginar.
A visualizar.
A crear un camino propio.

Les enseñamos a copiar y pegar.
A adaptarse.
A hacer lo que todos hacen.

Sabemos que no funciona…
pero igual lo seguimos repitiendo.

Entonces me pregunto:
¿quién les está enseñando a descubrir su esencia?
¿Su amor propio?
¿Eso que los hace únicos?

Porque cuando un niño puede brillar como quien es,
la vocación no se busca afuera…
se revela desde adentro.

Silvia Aguirre