La confianza de tu hijo no se construye evitando errores.
Se construye dejándolo equivocarse.
Pero claro… desde el miedo, muchas veces hacemos todo por ellos.
Queremos que no sufran, que no se frustren,
y sin darnos cuenta,
les quitamos la oportunidad de creer en sí mismos.
Dejá que se equivoque.
Acompañalo si, pero con amor, no con miedo
no con control.
Porque la confianza no se enseña.
Se contagia.
Y cuando él ve que vos confiás en él,
su seguridad crece desde adentro.
Ahora…
cuando algo no le sale,
cuando se frustra o siente que no puede,
recordá esto:
No hay fórmulas mágicas.
Hay nuevos caminos que se pueden abrir.
El primer paso es preguntarme:
¿Qué quiero lograr como mamá?
Porque no puedo controlar su mente,
pero sí puedo transformar mi mirada.
Y cuando vos cambiás tu forma de mirar,
él empieza a mirarse diferente.



