El PENSAMIENTO de un niño, le genera una EMOCIÓN y esta emoción le provoca una REACCIÓN.
A pesar de tener el amor y apoyo de su entorno, un niño puede sentirse triste. Por ejemplo, si un niño piensa que el no sabe leer, puede sentir angustia y apatía. En algunos casos, este sentimiento se manifiesta a través del enojo, la rebeldía o incluso la violencia. O por otra parte puede evitar ir a la escuela y aislarse.
Sin embargo, si el niño logra cambiar esta creencia limitante de «no puedo» por un » yo sí puedo lograro», generará una emoción de alegría y satisfacción consigo mismo. Esto lo motivará a querer superarse y a abordar el aprendizaje con una actitud positiva.
Finalmente, además de aprender a leer estará dispuesto a aprender nuevas habilidades.
Cambiar el pensamiento de un niño cambia su emoción, esto cambia su reacción y por tanto su actitud frente a la vida.



